20 de noviembre de 2008
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Todo lo que sube tiene que bajar, todo lo que empieza termina, siempre que llovió paró y jugando al don pirulero cada cual atiende a su juego y el que no, pues, una prenda tendrá, quizás comerse un huevo podrido, no lo sé. Obviamente me refiero a nuestro inminente regreso desde Nepal, un país que no llegamos a conocer a fondo (Cuánto tiempo se necesita para conocer realmente un país?) pero que se dejó pisar y transitar a gusto durante más de un mes.

Igualmente no creo que sea momento de sacar conclusiones demasiado conclusas ya que todavía es temprano y hasta la toalla sigue mojada del anteúltimo baño en Pokhara. Pero lo que sí puedo hacer es contarles un poco cómo va a ser el tortuoso regreso a casa.

Ahora mismo estamos en Pokhara, una ciudad al borde del lago Phewa Tal, base obligada de todos aquellos que quieran hacer rafting, parapente, mountain biking o trekking por la sección del Himalaya que tiene los Annapurnas. Aquí nos hicimos amigos de Nabaraj, nuestro guía en el trekking de siete días por Ghorepani y Poon Hill, y conocimos a Brad Sander y Scott Mason quienes nos introdujeron al maravilloso mundo del parapente y el parahawking. Mañana saldremos ya hacia Kathmandú comenzando un viaje que sin dudas será el más largos de nuestras vidas.

La ciudad de Pokhara se encuentra a unos míseros 200 km de Kathmandú, o lo que es lo mismo, unas 8 tortuosas horas de viaje en un micro de segunda a través de carreteras roídas por el tránsito y la corrupción, e infestadas de accidentes y manifestaciones de campesinos. Si contamos con la suerte que no tuvimos en nuestra venida a Pokhara, ese viaje fueron 11 horas, saldremos a las 7:30 AM y a eso de las 15 hs. "ya deberíamos estar cerca de Kathmandú", según nos aseguró Nabaraj. Pero Nepal tiene vida propia y lo mejor que se puede hacer es no esperar nada y tomar limonada si todo lo que te dan son limones viejos. Imaginense, aquí te dan naranjas pero las pelás y son mandarinas. Entonces, Qué se puede esperar de un viaje en colectivo en Nepal? No se puede esperar nada, esa es la primera lección que te enseña Nepal. Hay que lidiar con la realidad mientras pasa por tu frente, y si intentás controlar tu entorno te das cuenta de que lo único que cosechás es frustración.

En Kathmandú estaremos exactamente dos noches, saliendo el Domingo alrededor de las 15 hs. con rumbo a Madrid. Vamos a aprovechar nuestro tiempo en Kathmandú para comprar los últimos regalos, pero no se hagan ilusiones que ya estamos con bastante sobrepeso así que no vamos a llevar nada grande. Debemos estar cargando alrededor de 60 kg. de equipaje a esta altura, las aerolíneas sólo permiten despachar 20 kg. por persona, y el máximo para el equipaje de mano es de 7 kg. Hagan las cuentas y verán que estamos pasados por algunos kilos. Vamos a hacer lo que haría cualquiera, llevarnos puesta la ropa más pesada, llevar camperas en la mano y portar la mejor cara de circunstancia que podamos inventar para pasar los chequeos. Yo calculo que vamos a terminar llevando más de 10 kilos cada uno en el avión, lo que va a conseguir alargar un viaje ya estirado como un chicle.

Lo bueno es que una vez despachadas las valijas en Kathmandú estamos libres hasta Madrid. Siempre tenemos la posibilidad en los siguientes aeropuertos de justificar nuestro peso total adjudicándoles la culpa a los nepaleses que nos deberían haber frenado en su momento. En fin, el hecho es que dos horas después estaremos llegando al aeropuerto de Delhi, donde tendremos que esperar a nuestro siguiente vuelo, que sale a las 8 AM del día siguiente! Y déjenme decirles, si hay un aeropuerto donde no quisiera estar más de 2 horas es en Delhi, especialmente como pasajero en tránsito sin poder salir de la sección designada ya que en teoría no estamos en Delhi. Allí encontraremos otros grupos en nuestras mismas condiciones precarias, aunque algunos más previsores estarán acomodados en sendas bolsas de dormir tratando de acelerar el paso del tiempo entre sueños de camas acolchadas y baños limpios.

Pero eventualmente la hora llegará y saldremos raudamente hacia Doha, el aeropuerto base de nuestra línea aérea: Qatar. Es un vuelo relativamente corto, sólo tres horas y media, pero ya en un avión más moderno y llegando a un aeropuerto más tranquilo. Aquí sólo esperaremos dos bienvenidas horas entre árabes en turbantes y túnicas blancas que serían la envidia de Gianola y su bendito jabón en polvo. El free shop tiene un mercedes benz deportivo de última generación y todos los perfumes que se puedan imaginar, un cambio de paisaje agradable después de Delhi.

El vuelo hacia Madrid podríamos decir que va a ser el más pasable aunque su duración será de alrededor de seis horas. Si nos toca el mismo avión que tomamos cuando vinimos, vamos a poder ver algunas películas modernas. A la ida pude ver Kung Fú Panda, un film sano y recomendable para todas las edades. Lo mejor de este vuelo es que sale cerca de las 14 hs. de Doha y llega a Madrid a las 20 hs., un horario más que razonable que nos permitirá transitar el metro y el Tren de Cercanías cómodamente.

Conste que todo este peregrinaje es hasta Madrid solamente. Siete días después estaremos saliendo hacia Argentina, pero ya en un idioma conocido, con gente vestida como uno y comidas reconocibles. A esta altura cada vez que recibimos un plato de comida nos turnamos para dar el primer bocado y probar si la comida es picante o comible, una tortilla de papas o un sandwich de jamón con queso serán un alivio para nuestro paladar y estómago sin ninguna duda.

Los dejo con la única conclusión que me sale después de relatar este viaje. Teniendo en cuenta que hay 4:45 horas de diferencia con Madrid, estaremos en el aeropuerto de Kathmandú alrededor de las 8 AM hora de Madrid y considerando que nuestro viaje termina a las 8 PM del día siguiente, es fácil ver que el viaje será de 36 eternas, impasables, desgastantes, mortales y maratónicas horas. Así que ustedes quédense tranquilos, coman y descansen bien que nosotros nos encargaremos de sufrir por todos al menos esta vez. Quizás algún día le toque a alguno de ustedes sufrir como sufrimos nosotros, y estoy seguro de que lo van a disfrutar de la misma forma que lo hacemos nosotros.

De ninguna manera termina aquí el relato, todavía nos quedan algunas cosas que decir y seguiremos molestando hasta que se nos acaben las palabras. En Madrid podremos estar un poco más conectados, subiremos más fotos y contaremos algunas cosas nuevas. Y ahora, a hacer las valijas!

Saludos,

Leandro

18 de noviembre de 2008
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¿Quién no ha escuchado o repetido alguna vez la famosa frase "Libre como un pájaro"? ¿Cuántos de nosotros podemos decir que alguna vez nos hemos sentido de esa manera? ¿Qué significa sentirse libre?. Mmmm... ¡Qué pregunta!

Hace unos meses atrás hablaba en un barcito de Buenos Aires con mi buen amigo El Colo, quien además de ser mi amigo es un parapentista que busca cuanto rato tenga libre para escaparse y sentir esa libertad de estar en el aire, esa libertad de la que tantas veces me habló y yo no entendía. Y no es para menos, porque la única forma de entenderlo, es estando allá arriba, viviéndolo, sintiéndolo. Y no podíamos negar que Nepal se presentaba como una oportunidad única para nosotros, no sólo porque resulta ser unos de los lugares más bellos del mundo para hacer parapente sino porque tendríamos la oportunidad de conocer a un gran piloto y amigo del Colo, Brad Sander.

No tardamos en encontrarlo aquí en Pokhara y darnos cuenta de que, no sólo que no tendríamos problemas en volar con él, sino que además haría que nuestra primera experiencia fuera inolvidable. Y así fue. Apenas nos juntamos, nos miró y nos dijo -"¿Quién de los dos quiere volar primero?"- Y así, sin anestesia, salí con Brad en el jeep hasta Sarangkot, el lugar de despegue. No tuve tiempo de pensarlo mucho, sólo atiné a despedirme de Charles, agarrar mi cámara y dejarme llevar.  

Las indicaciones de Brad para el despegue fueron muy claras. Y tal como lo contó Charles, tras tironear unos segundos con el ala, y después de escuchar las palabras mágicas "Run, run, run!", mis pies dejaron de sentir la tierra y mi cuerpo estaba, suavemente, en el aire. Estaba frío ahí arriba. Lo sentía en mis manos y en mi nariz pero no importaba. Yo estaba atónita. Brad me había aconsejado muy sabiamente que me tomara los primeros minutos del viaje para "sentir" lo que estaba pasando sin preocuparme por las fotos porque en realidad habría tiempo de sobra para eso. Lo acertado que estaba. Pasaron varios minutos antes de que me acordara que tenía la cámara encima. Lo único que escuchaba era la voz de Brad que me explicaba cómo era posible que nosotros estuviéramos ahí, buscando las corrientes de aire para subir más alto, tal como hacían las aves que volaban junto a nosotros. El hecho de que uno pueda volar ayudado por un pedazo de tela y algunas tiritas de pocos milímetros es algo realmente increíble.

No voy a negar que mis peores pensamientos se cruzaron por mi cabeza. ¿Qué pasaría si una corriente de aire fuera tan fuerte que hiciera colapsar el ala? ¿Era eso posible? ¿Podría ser que nos fueramos en picada al suelo y el piloto no tuviera tiempo de reaccionar? En ese caso, ¿para qué me servía el casco que llevaba puesto si estábamos cayendo desde una altura de 2000 mts.? ¡Iba a dejar viudo a mi esposo junto con dos gatos mañosos!. Y claro que todo eso le aportaba su gusto a la cuestión hasta que uno se relaja y confía en la experiencia del piloto y un poco también se entrega a su destino. Y uno piensa, "Y bueno...si nos caemos, nos caemos. ¡Pero qué va! Esto es algo que no me voy a olvidar jamas". Y así es como tu mente justifica semejante locura.

Estuvimos más de una hora en el aire. Brad seguía tomando altura y explicándome cómo era que se producían las corrientes térmicas que nos hacían subir, y cómo era que, ahí nomas, cerquita de nosotros, se formaban la nubes. Y ahí me acorde del Colo y de sus largas historias en parapente. Y ahí entendí por qué se le pintaba la cara de felicidad cuando hablaba de lo que sentía allá arriba. Y ahí comprendí que uno no sabe realmente lo que es sentirse libre, pero eso que estaba pasando se podía parecer mucho. De repente los miedos desaparecen, uno se deja llevar, sintiendo el viento en la cara y ya nada te importa mas que ese momento. Es el instante en que uno se siente libre de ataduras, de prejuicios, y a esa altura, hasta de los miedos. Lo único que lamenté fue que Charles no estuviera conmigo compartiendo ese instante.

Creo que lo mejor de todo fue ver a Brad disfrutar del vuelo como si lo hiciera por primera vez. Y eso también me hizo reflexionar un poco. Pensar que para nosotros lo de él es un trabajo porque todos los días tiene que hacer 3 o 4 Tandem Flights, llevando gente y mostrándo el Himalaya. Pero lo cierto es que en cada vuelo que hace, así sea por trabajo, el tipo lo disfruta y se pone feliz cuando el pasajero la pasa bien. Y es lo que hace que su ecuación sea perfecta aunque la paga no le permita tener una casa o el último Iphone. Y eso es envidiable. Y es una meta que persiguen muchos, y es la de hacer lo que a uno le gusta y encima que te paguen por eso. 

Pero dicen que nada es eterno, por ende, tuvimos que bajar a tierra. Ya a esta altura me empezaba a preguntar dónde estaría Charles puesto que lo había abandonado hacía ya dos horas para mimetizarme con los cielos. Pero justo en ese instante, Brad interrumpió mis pensamientos y me preguntó si quería terminar el vuelo haciendo algunas piruetas locas. Y ahí estaba yo, sucumbiendo nuevamente a mi destino, respondiendo con un gran ¡¡¡YES!!! Y fue perfecto. Caída libre, ¡tal cual me la había imaginado en mis peores pensamientos! Pero claro, ahí estaba Brad para controlar todo. Y recién ahí me di cuenta de que mis temores no tenían mucho fundamento y que iba a estar más segura ahí arriba que caminando por las calles de Kathmandú tratando de que las motos no me pasaran por encima.

En la pista nos esperaba Charles, de quien me había separado por primera vez durante dos horas desde que empezamos el viaje allá por el 9 de Octubre. También nos cruzamos por primera vez con Kevin, el buitre egipcio que venía de hacer un vuelo con Scott y con el cual volví a volar dos días después en una experiencia absolutamente fascinante que me gustaría contarles también en este momento.

Hacer Parahawking era, hasta hace pocos días, algo desconocido para mí, como lo debe ser para la mayoría de ustedes. Se trata, ni más ni menos, que de hacer parapente pero acompañado por aves rapaces. La idea es entrenar a las aves de caza para que vuelen con los pilotos. Las aves les enseñan dónde se encuentran las corrientes térmicas que a ellas les permiten volar largas distancias conservando su energía. Ellas son recompensadas en el aire por su esfuerzo. Fue desarrollado en Pokhara en 2001 pero recién en 2007 tuvieron los primeros resultados concretos.

Todas la aves utilizadas para parahawking son huérfanas o han sido rescatadas lastimadas o enfermas. La intención principal del Himalayan Raptor Rescue Project en Maya Devi es reincorporalas al medio ambiente una vez que estan sanas y fuertes. En algunos casos eso es posible pero en otros el animal se acostumbra tanto al ser humano que al ser liberado corre el riesgo de no poder valerse por sí mismo. Esos son los que permanecen en el refugio en donde se los cuida y se los hace volar diariamente para mantenerlos en forma.

Como habrán leído en el post de Charles, él no la pasó tan bien en el aire aunque a la hora de describir la sensación de volar con Kevin, el buitre egipcio, sus palabras son acertadas y perfectas. Es por eso que no voy a ser reiterativa en ese aspecto sino que los invito a leer o releer ese post. Lo cierto es que volar al lado de uno de estos animalitos es algo maraviloso que todo el que pueda debería hacer. Aunque por ahora es algo que sólo puede intentarse aquí, en Nepal.

Bárbara.


Para más información puede chequear la página web http://www.parahawking.com.

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