Por más que lo intente es imposible dar con el inicio de una corriente de pensamiento subversivo. Sólo se puede atinar a identificar puntos en el tiempo cuando la razón y la intuición van de la mano tiñendo de lógicas las ideas más incongruentes e inadmisibles que podamos tener. Mucho se dice de las conspiraciones del universo por lograr sus objetivos, y hasta diría que suena cursi, pero estar, ser un yo consciente del entorno y el momento, cuando pasa es una experiencia digna de un cuento borgiano.
El universo en su conspiración había liberado un potente virus mental que acechaba a través de los husos horarios, manifestándose de las formas más inesperadas, imposible de detectar sino hasta después del hecho consumado cuando ya es demasiado tarde para hacer algo al respecto. Me refiero, por supuesto, a un meme, para los entendidos, un virus formado de ideas que se infiltran en las conciencias de las personas sin que estas lo noten, torciendo caminos de vida, muchas veces llevando hasta a la perdición. Aunque me jacto de poder detectar estas malvadas criaturas, de vez en cuando mis escudos son vulnerados y no puedo más que obedecer las intenciones de la infección que me aqueja.
Puedo identificar el comienzo de la infección en sí desde mucho antes de salir hacia Nepal. Ya teníamos planeado irnos a San Juan cuando volviéramos del viaje para relajarnos y depurar las fotos más tranquilos, como unas vacaciones de las vacaciones, un sueño americano hecho realidad. Esta idea sonaba demasiado bien. Nunca habíamos hecho un viaje de estas características pero teníamos la sospecha de que sería muy difícil el retorno, y que volver a trabajar inmediatamente después de nuestra vuelta sólo lograría matar al viaje de un cuchillazo por la espalda. Pretender entender dónde en el tiempo se plantó la semilla sería muy arrogante de mi parte, pero sí puedo decir que este último recreo planeado en San Juan era el agua necesaria para la germinación y proliferación del virus que se preparaba a dar el puntazo final.
Salimos entonces hacia Nepal pensando en que volveríamos sólo para irnos a San Juan por unos días, y el universo estuvo en equilibrio al menos por unos días. Durante la estadía en España el virus decidió afianzar su postura mostrándonos cuan difícil sería depurar la cantidad de fotos que estábamos sacando. El proceso que utilizábamos era demasiado prolongado para realizarse en el medio de un viaje y ahora necesitaríamos realmente tomarnos un tiempo para procesar no sólo nuestras experiencias, sino también las miles de fotos que seguramente íbamos a traer. El viaje a San Juan entonces se extendió de unos días a mínimo una semana, especialmente porque también queríamos conocer el Valle de la Luna, ya que estábamos por la zona. Tengan en cuenta que en Argentina estar por la zona significa estar a 300 km de distancia, que es más o menos la distancia entre San Juan, la ciudad, y el parque donde se encuentra el Valle de la Luna.
La seguridad con la que alargábamos el viaje a cada momento nos dejaba atónitos, después de todo somos bichos de ciudad, criados para ser parte funcional de nuestra sociedad moderna mientras dure nuestra vida útil. Los transportes públicos no nos asustan, las ciudades grandes no tienen secretos, y las oficinas nos cobijan con su estabilidad y rutina. ¿De dónde salían estos pensamientos libertinos? Algunos dirían que siempre estuvieron pero no se daban las condiciones para que afloraran, y yo hubiera estado de acuerdo en ese momento, pero hoy le hecho la culpa al universo y su implacable virus.
Pasaríamos unos diez días en San Juan, estábamos felices y el universo volvía a estar en equilibrio. Salimos hacia Nepal y nos convertimos en Españoles por unos días mientras los Españoles querían convertirse en Argentinos también. A los españoles les caemos bien los Argentinos y siempre nos tienen como un destino más que viable para una lindas vacaciones llenas de pampa, vino y carne. Así conocimos una pareja de nuestra edad, Covi y Balta (Covadonga y Baltazar... No sólo nunca había visto nombres tan ominosos fuera de la Biblia, sino que encima estaban juntos), que nos contaban de cuánto querían visitar Argentina, de cómo habían abandonado temporariamente la idea de viajar por Argentina para ir a Nepal pero que seguramente el próximo viaje sería a nuestro país, y que lo harían en moto recorriendo todo el país en 1 mes y medio o dos. Indudablemente el virus era terriblemente contagioso y cuando dos hosts se encontraban los síntomas se potenciaban.
Tengo que admitir que viajar por Argentina no hubiera estado entre mi lista de prioridades al salir hacia Nepal. Estábamos cansados de la patética argentinidad de la que sufrimos, pero no pudimos evitar pensar en lo que se podía visitar en nuestras charlas con Covi y Balta. Ellos estaban bastante entusiasmados de viajar y por supuesto nos ofrecimos a ayudar buscando información, dando un lugar donde dormir en Buenos Aires y hasta a salir por algunos días con ellos a visitar algún pueblito del interior. Me imagino al virus riéndose a carcajadas en ese momento, burlándose de nuestra patente debilidad mental, de lo manipulables que somos, ya casi ni éramos un desafío. Podían visitar desde Jujuy hasta Tierra del Fuego, pero trazando rutas mentales llegamos a la conclusión de que un mes y medio no era el tiempo suficiente para visitar Argentina.
Está Tucumán, Salta y Jujuy que hay que visitar sí o sí. San Juan, Mendoza y Córdoba no se pueden evitar tampoco, y hacia el sur habían todavía más paradas obligadas en Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz. En la Patagonia las distancias son mortales, y cualquier viaje por esa zona requería de nervios de aceros debido a las rutas y a la soledad reinante. Pobres ilusos les decíamos, necesitan más tiempo, pero más ilusos éramos nosotros que caíamos cada vez más rápido hacia lo inevitable.
El universo ya no estaba en orden, por alguna razón desconocida. El virus nos tenía en jaque con mate en una sola movida, pero se tomó unos días para volver a atacar. Los Españoles terminaron su viaje y nosotros continuamos con el nuestro haciendo un trekking por las colinas cercanas a Pokhara en 7 días y 6 noches. Caminamos 7 días y 90 km durante los cuales el cansancio, y a veces el frío, nos impedía pensar en muchas cosas más allá de lo inmediato.
A los pocos días de volver a Pokhara nos encontramos con Brad Sander, el piloto de parapente que veníamos a buscar de parte de El Colo. Lo conocimos y enseguida nos transmitió su tranquilidad y paz interior. Bartu tuvo su primer vuelo en parapente ese día y volvió fascinada con la libertad del vuelo a pecho descubierto. Brad nos contó un poco de su vida. Había dejado Estados Unidos por no soportar las políticas de los gobernantes y recorrió el mundo volando su parapente y buscando un lugar por donde quedarse. Pasó por Argentina y acabó instalándose en el área de Pakistán, India y Nepal donde rota buscando las corrientes de aire y las temporadas de turismo. En su hablar pausado y pacífico notábamos la tranquilidad de aquel que está donde quiere y no donde las circunstancias lo ponen. Sin quererlo Brad se convertía en el agente de propagación de este virus que se contagia por la ingesta de ideas subversivas, como la que nos estaba planteando.
Unos día después, durante un corte de luz de rutina, empecé a leer "Siddhartha" de Hermann Hesse que nos lo habían regalado Alejando y Rosana, de la Cocina Discreta (donde hicimos la cena de nuestro casamiento, por si alguien se acuerda). Yo tengo la sospecha de que Ale y Ro debían estar acosados por algún virus similar que se cataliza con la lectura de este libro, pero ya lo charlaré con ellos. Es un libro muy fácil de leer pero de ideas complejas, lo que le permite llegar a puntos de la mente muy profundos de un golpe rápido y certero.
Si les sirve este dato se los dejo por si a ustedes les pasa lo mismo lo pueden frenar a tiempo: el virus necesita de agua para influenciar a su host en su plenitud. A las dos horas de comenzar el libro, y a unas dos horas de terminarlo, se me antojó una ducha y sin sospechar conspiración alguna me la tomé. En un segundo convergieron todas las líneas, que hasta ese momento parecían independientes, atraídas por esa libertad que tiene Siddhartha para decidir sus rumbos en la vida, llevado por una voluntad externa que él sigue ciegamente.
Teníamos que seguir viaje por Argentina. YO sabía que había que hacerlo y YO tenía la certeza de que se podía hacer, pero yo todavía no entendía el cómo. Esta sensación de tener la certeza de algo sin saber cómo llegar a realizarlo no es nueva, pero hacía mucho que no aparecía. Salí del baño y le conté a Bartu la idea de seguir viaje. Por suerte, ella sabe llenar los espacios vacíos que dejo cuando hablo y entendió perfectamente a lo que me refería. No supe contestarle el cómo, pero sí que podía y que tendríamos que averiguar lo que YO sabía pero yo ignoraba. Terminé el libro unas horas después, quizás esperando que a Siddhartha le cayera una piedra en la cabeza a causa de las decisiones que tomaba, pero no encontré esta salida, por el contrario, el tipo alcanza el Nirvana que buscaba, así que tuve que hacerme cargo de lo que estaba pensando.
Hay pocas enfermedades más efectivas que aquellas que atacan a las ideas y conceptos, sino miren qué bien que les va a las religiones que prosperan infectando sin ton ni son. Este virus se nos había metido y ya era muy difícil sacarlo. Unos cálculos superficiales y rápidos nos indicaban de que aunque no sería exactamente fácil era totalmente factible, pero necesitaríamos más información. Enseguida pensamos en conseguir la Lonely Planet de Argentina, la biblia obligada de todo viajero, la cual conseguimos en 15 minutos gracias a otra conspiración del universo que no sólo hizo que existiera una librería a dos cuadras del hotel que vendía las guías de todos los países, sino que hizo que tomáramos la calle principal para el lado correcto.
Nos leímos la guía de principio a fin y nos dimos cuenta de que el libro nos pintaba como un país ameno y fácilmente visitable. Usamos el software del GPS con los mapas de Proyecto Mapear para trazar una ruta, haciendo que cada tramo tuviera un máximo de 500 km. De esta forma podríamos visitar un territorio grande sin destruir al conductor, o sea yo. La idea de hacer la ruta 40 era perfecta y aunque no cubriera todo el país, cubría lo suficiente para disfrutar un poco de todo. Íbamos a comer al restaurante que estaba al lado de la pista de aterrizaje de los parapentistas en Maya Devi, y allí planeábamos las paradas y lo que visitaríamos. Pronto tuvimos un itinerario básico que cubría cerca de 10000 km en 25 paradas, empezando por Rufino, luego yendo al norte hasta Jujuy para luego bajar por la ruta 40 hasta El Calafate y volver por la ruta 3 hacia el norte hasta Rufino. Esas 25 paradas implicaban 25 días sólo para transportarse, necesitábamos algunos días más para visitar cada lugar, así que calculamos que un viaje así podría llegar a durar entre 2 y 3 meses en total.
A este punto el enfermo de este virus cree que todo en el universo conspira por La Causa, nublando la visión y acabando por completo con todos los sistemas de defensa que puedan seguir en funcionamiento. Bartu pidió a Infomedia, donde trabaja, una extensión de su licencia por el tiempo que habíamos calculado y no sólo se la permitieron, sino que lo hicieron con gusto y placer, lo cual casi me causa un infarto dada mi ajetreada vida laboral.
Aquí estamos en Madrid mirando de vuelta desde una mentalidad de comienzos hacia un viaje por una parte muy grande de Argentina durante otros 3 meses más, con casi todas las variables controlables controladas, y otras controladamente descontroladas para permitir un cierto grado de caos controlado a la ecuación. El virus ya es nuestro amigo y esta totalmente bienvenido a seguir infectándonos en el futuro. ¿Quién sabe? Argentina es grande, y la ruta 40 recorre sólo una porción del país.
No voy a publicar un itinerario para no alargar innecesariamente este post, pero igual me gustaría tener la opinión de todos los que quieran darla. Siguiendo la ruta 40, ¿A dónde irían ustedes si fueran nosotros? ¿A dónde fueron que deberíamos ir nosotros? ¿Qué NO visitarían? No sean tímidos, y sepan que somos terriblemente influenciables, así que es muy probable que les vayamos a hacer caso.
Saludos,
Leandro
