18 de noviembre de 2008

Scott dijo las palabras mágicas: "one, two, three, go, go, go!!". Intenté correr con todas mis fuerzas, pero un furioso tirón del arnés impedía mi avance. Sólo pensaba en tirar lo más fuerte posible, esa era la instrucción en ese momento. De repente algo cedió detrás mío y escuché las próximas instrucciones: "run! run! run!". Comencé a correr frenéticamente, en contra de todo sentido común, en dirección al final de la colina, donde empezaba el vacío, siempre apuntando a la World Peace Pagoda que se encontraba ahora a nuestra misma altura pero en la colina al otro lado del lago. Se me hacía un poco difícil correr pero al menos nos movíamos. El final de la colina se acercaba rápidamente pero yo todavía tenía los pies en la tierra. Por suerte, mi mente hizo lo correcto e ignoró todo reflejo del cuerpo por frenar en seco y volver a casa a tomar el té. Me habían advertido de que no dejara de correr por nada en el mundo bajo pena de caída y consecuente rotura de alma, así que corrí hasta que se acabó el piso y encontrarme, para mi sorpresa, levitando ya lejos de la colina todavía agitando los pies como si todavía tuvieran tracción.

Estaba volando! Llevé mis rodillas hasta el pecho y dejé que se deslizara por debajo mío el asiento que viene incluido al arnés que llevaba puesto. Una vez cómodo levanté la vista y vi el ala del parapente de Scott, el borde de ataque blanco con una franja naranja y el resto amarillo, extendida en todo su mágico esplendor. Pocas veces estuve tan feliz de que las leyes de la física funcionaran tan bien. Al mirar hacia abajo vi cómo se preparaban otros seres igual de trastornados que nosotros para tirarse al vacío confiando sus vidas a algunos metros de tela, unos arneses y cuerdas de unos pocos milímetros. Éramos pocos volando porque el día recién comenzaba a ponerse interesante y por lo visto pronto el aire se llenaría de alas, pero el nuestro no era un vuelo cualquiera, tanto así que nuestro despegue atrajo la atención de al menos un centenar de locales.

Los primeros minutos de una experiencia de este tipo son muy difíciles de explicar. Treinta y dos años de vivencias al ras del piso no se olvidan fácilmente, a la mente le toma tiempo adaptarse, algo que me jugaría en contra hacia el final del vuelo. Habíamos despegado desde Sarangkot, una villa casi en la cima de uno de los montes más altos de las inmediaciones de Pokhara con una altura de 1500 msnm., y llegamos a alcanzar una altura final de 1800 msnm. al promediar el vuelo. Hacia un lado estaba el majestuoso cordón montañoso del Himalaya, pero ya no necesitaba inclinar mi cabeza para ver los picos. Por otro lado se veía el lago Phewa Tal en su totalidad. Estaba gratamente sorprendido al corroborar que los contornos de los objetos en los mapas concuerdan con la geografía desde este punto de vista. El cielo era el ideal para las fotos, nubes dispersas pero bien definidas, un azul profundo y el sol brillante que daría la oportunidad de hacer contraluces impresionantes.

Aunque yo no sabía lo que estaba pasando, mi mente se atrevió a decirle a mi mano que levantara la cámara y empezara a sacar al menos algunas fotos. Al tener puesto el gran angular no hacía tanta falta encuadrar o elegir demasiado el paisaje, y aunque lo hubiera querido hacer yo estaba ausente del acto fotográfico ya automatizado por mi mente y cuerpo en ese momento.

No debe haber pasado mucho tiempo desde el despegue hasta que escuché los dos pitidos del silbato de Scott detrás mío. Inmediatamente recordé el resto de las instrucciones, buscar un trozo de carne cruda del bolsito que llevaba atado a mi arnés, poner la comida entre el índice y pulgar de mi mano izquierda, y extender el brazo hacia afuera y esperar. Unos segundos después apareció por detrás un enorme ave, se posó sobre mi brazo extendido, tomó el trozo de carne que sostenía y siguió su vuelo enfrente mío regalándome algunas fotos. Era Kevin, un buitre egipcio que Scott había rescatado y entrenado para volar con los parapentes. No podía salir de mi asombro al ver a ese bicho tan de cerca, acompañando mi viaje ahora que le había dado de comer. A pesar de que volar era una experiencia impresionante, el darle de comer en pleno vuelo a Kevin me hizo olvidar la altura, la cámara, el viento y hasta el paisaje.

Bartu también estaba volando de la mano de Brad Sander, un piloto nómade que pasa sus días entre Pakistán, India y Nepal siguiendo las temporadas de vuelo de cada región. Ella iba en el ala azul y amarillo, y también le daba de comer a Kevin. Scott y Brad se comunicaban por radio para coordinar el vuelo de Kevin, que iba y venía de un parapente a otro en busca de su alimento. Brad sabía que Bartu tenía el teleobjetivo así que ellos tendían a estar detrás nuestro intentando capturar las peripecias de Kevin mientras se acercaba a mi brazo.

Luego de algunos trozos de carne mi situación comenzó a degradarse lentamente. Empecé a sentir náuseas por el cambio de perspectiva, el constante vuelo en círculos y la mirilla de la cámara que conspiraban para hacerme pasar un mal rato. No tenía ninguna noción del tiempo, pero los síntomas iban empeorando progresivamente. Comencé a sentir la falta de aire y una presión en el pecho que me dificultaba aún más la respiración. El frío me iba invadiendo y sentía cómo iba perdiendo sensibilidad en mi mano derecha hasta que finalmente se me paralizó completamente causando un calambre en el antebrazo. Un hormigueo recorría todo mi cuerpo y la pierna izquierda empezaba a contracturarse al tener las piernas colgadas constantemente. Me di cuenta de que mis reflejos disminuían y mi mente respondía de forma muy lenta. Todo parecía ir en cámara lenta, como en esos sueños donde querés correr con todas tus fuerzas pero avanzás lentamente como si te estuvieras moviendo en el agua.

Escuché unos nuevos pitidos del silbato, pero mi cuerpo no respondía. Mi mano derecha ya no podía buscar la comida, y ni siquiera atiné a extender mi brazo izquierdo. Podía meter la mano en el bolsito de la comida y hasta conseguía cerrar los dedos, pero había perdido toda sensibilidad y no podía distinguir los trozos de carne. Las bocanadas de aire no me alcanzaban, y aunque yo sabía que no me estaba ahogando todavía, ya había llegado la hora de avisarle a Scott de mi situación. En un inglés gangoso atiné a decirle que sentía náuseas, e inmediatamente se comunicó con Brad para decirle que empezábamos a bajar, alineó el parapente hacia el lago y comenzó el descenso.

Al pasar por el lago y notar un claro acercamiento del piso mi cuerpo comenzó a ceder. Kevin se posó unas últimas veces sobre mi brazo, aunque lo encontró sin comida ya que no podía sacarla del bolsito, y Bartu aprovechó para hacer unas fotos espectaculares. El calor del aire del lago ayudaba a descomprimir mi pecho y el hormigueo comenzaba a desaparecer. Un minuto después Scott me daba las instrucciones para el aterrizaje y posábamos suavemente sobre la pista de Maya Devi.

Lo más interesante es que durante mi sopor continué sacando fotos constantemente. En mi débil conexión con el mundo exterior todavía entendía lo que pasaba y mandaba instrucciones simples que acababan cumpliéndose por mi mente y cuerpo. Casi no miraba a través de la cámara y aprovechaba al máximo el gran angular, hasta llegando a cambiar de distancia focal en reiteradas oportunidades, probando diferentes tomas casi adivinando los encuadres.

Una vez en tierra nos sentamos un rato en el restaurante al costado de la pista, tomamos una coca-cola que terminó siendo una pepsi y le conté a Bartu lo que había pasado. Es sabido que ella es más fuerte que yo para estas cuestiones y se notaba. Este había sido su segundo vuelo en pocos días, siendo el anterior el doble de largo que el que habíamos tenido y se encontraba fresca como una lechuga (una lechuga Argentina eso sí porque acá no son muy frescas que digamos). En el restaurante y durante la caminata de 3km desde Maya Devi hasta el hotel conversamos un buen rato sobre lo que me había pasado.

Llegamos a una conclusión que creo es bastante acertada. Fue una clara sobredosis de sensaciones que probablemente me llevaron a sentir algo parecido a un ataque de pánico mezclado con mal de altura. No es poco común sentir náuseas en estos vuelos debido a las vueltas que se dan para meterse en las corrientes termales. Eso sumado a que era mi primer vuelo a cara descubierta, a que tenía que prestar atención a las instrucciones para alimentar a Kevin y a que tenía que estar conectado a la realidad para digerir toda la información y sacar fotos, generaron un cortocircuito muy interesante. No recuerdo haber sentido miedo, aunque mi mente y cuerpo tenían todo su derecho de entrar en pánico después de todo. En ningún momento perdí de vista el objetivo principal que era obtener fotografías interesantes, y quizás fue lo único que evitó que perdiera la conciencia allá arriba.

Pero más allá de lo que realmente ocurrió fue una experiencia espeluznantemente inolvidable pero totalmente repetible. El parapente hizo las veces de prisma que logró separarme en las tres partes básicas: el cuerpo, la mente, y el yo (o conciencia). Ya me han dicho que tengo una pequeña disociación, pero nunca la había sentido tan de cerca. Aunque mi mente y cuerpo no la pasaran del todo bien durante el vuelo, fue para mí una experiencia única que sólo puede mejorar en las próximas oportunidades.

Si pudiera repetir el vuelo no lo pensaría dos veces, y hasta consideraría aprender a volar en parapente yo mismo. Yo sé que Bartu no necesita que la convenzan, ella está dispuesta a aventurarse mucho antes que yo, así que si algún piloto (ejem!) está leyendo esto, estaría muy bueno tomar clases a precios razonables.

Pero es injusto dejarlos sólo con mi impresión del vuelo. Bartu va a postear una versión menos catastrófica del asunto en breve, así que estén atentos!

Saludos,

Leandro

¿Qué dice la gente?

Sergio dice:

Hola. Si hasta ahora no dejé ningún comentario, no fue porque no seguía con interés cada uno de sus relatos, sino porque es tan ajeno todo y por otra parte, tan detallado lo que cuentan, tan transparente, tan evidentemente movilizador, que no tengo nada, nada en serio, para agregar. Qué decirle a un escritor cuando su novela nos inmoviliza de interés? Qui'en haba con un libro después de leer las primeras diez páginas? Nadie.

Lo que si puedo decirles es que estoy muy contento por ustedes. Me parece maravilloso lo que están haciendo. Y me alegra aún más conocerlos de este modo, desde la reflexión, la contemplación activa, la mirada atenta a la periferia, pero dotándola de sentido con la irreverencia del que pone en duda lo evidente. Me alegro mucho y voy a seguir leyendolos, probablemente, sin más interrupciones que esta que acabo acá mismo.

martes, 18 de noviembre de 2008 01:49 p.m.

Rosquita dice:

... con pájaro propio cualquiera!...
Impresionante!

martes, 18 de noviembre de 2008 01:55 p.m.

Monk dice:

......(quiere decir sin palabras)
Todo fantásticooo...!!! como siempre las fotos buenísimas... besos para los dos...

martes, 18 de noviembre de 2008 01:59 p.m.

Pato y flia. dice:

Hola chicos, como están?.

Primero tengo q decirles q las fotos son excelentes, especialmente las del buitre volando junto a uds., y magnífica la panorámica del Himalaya. Impresionantes!!!!!.

Segundo, y aunq suene repetitivo, todo lo q cuentan es sensacional. Al describir lo q te pasó, Lean, uno puede imaginar cada sensación que experimentaste, en este caso no muy agradable estando en el aire, pero bueno, por suerte pudiste recomponerte al sobrevolar el lago y tomar mas aire. Menos mal q fue algo pasajero, pero debe haber sido un feo momento.

Sin duda una experiencia inolvidable, nos alegramos q hayan podido disfrutarla. Esperamos tb el post de Bart, no nos sorprendería enterarnos q tenía pensado subir con una birra en la mano y compartirla con Kevin.

Besos y abrazos de parte de todos. Ah, además del cocodrilo y el elefante, quiero un buitre.

Cuídense, gracias por todo.

martes, 18 de noviembre de 2008 07:58 p.m.

Carol dice:

Aun no puedo creer lo del buitre volando junto a ustedes! WOW chicos lo que les está pasando es maravillosamente increible! Excelentes fotos! Excelentes momentos!

miércoles, 19 de noviembre de 2008 02:04 p.m.

Colo dice:

Muy lo tuyo Charles, me elegro que te haya gustado pero que cagaso cuando ibas directo al vacio, no??. Es muy comun que se piense eso en el primer vuelo. Espero que todo este bien y sigan disfrutando.

miércoles, 19 de noviembre de 2008 04:26 p.m.

bartu dice:

@Sergio: que palabras, mi amigo! Viniendo de un groso como vos, nos halaga tremendamente. Mil gracias por estar ahi!

@Rosquita: gracias loqui!!! Fue increible!

@Monk: gracias tambien! me alegro que te gusten!

@Pato: gracias, hermano querido!!! Besos!

@Carol: gracias, linda! Que bueno leerte por aca! Lo del buitre fue increible!

@Colo: querido!!! Se pego un cagazo padre!!! Pero ahora quiere comprar un parapente y aprender a volarrrrr!!

Besos a todos y gracias por pasar!

viernes, 21 de noviembre de 2008 11:51 a.m.

Agatha dice:

I love raeding these articles because they're short but informative.

sábado, 31 de diciembre de 2011 06:52 a.m.

bjjjdrjv dice:

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lunes, 02 de enero de 2012 11:21 a.m.

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