14 de diciembre de 2008

Cuando uno sale de la locura de Buenos Aires hacia el oeste por la ruta nacional 7, inmediatamente intuye lo que le espera. Al bajar del Acceso Oeste, la autopista desaparece y le da paso a la ruta. Todos conocen las famosas rutas argentinas, inclusive fuera del país son famosas. No sé muy bien por qué pero todos coinciden en hablar de inmensidad e infinitez. Aunque no sé si esa palabra existe, creo que define bien a lo que me refiero.

La ruta 7 es una de las más importantes de Argentina. Une las provincias de Buenos Aires, Santa Fé, Córdoba, San Luis y Mendoza, es decir que atraviesa el país de este a oeste desde la capital hasta el límite con Chile, en un recorrido de algo más de 1200 km. Es una ruta muy transitada sobre todo por camiones lo que hace que, muchas veces, se torne peligrosa. Pero no puedo negar que es mi ruta preferida, no tanto por el paisaje, sino porque esta bien asfaltada y me deja cebar buenos mates.

El llegar a Rufino implica recorrer 430 km por esta ruta rodeada de prósperos campos agrícolas y ganaderos. Es mayormente lo que uno se encuentra a lo largo del camino llano. Lo único que interrumpe esta monotonía es la laguna La Picasa. Esta laguna es muy famosa en la región porque debido al ascenso de sus aguas en 1999 se inundaron 11 km de la ruta 7 entre las localidades de Aarón Castellanos y de Diego de Alvear, en el límite entre las provincias de Buenos Aires y Santa Fe, por lo que los autos debían acceder a un desvío provisional de ripio de 32 km; agregando 17 km más al trayecto original por ruta 7. Pero La Picasa es más famosa aún porque el gobierno tardo 8 años en hacer que la ruta se pudiera transitar nuevamente, algo que ocurrió recién en Junio del año pasado.

Rufino esta ubicada en la Provincia de Santa Fé, en el extremo sudoeste, a 280 km de Rosario, a 100 km de Venado Tuerto y a 412 de la capital de la provincia. Tiene algo más de 18000 habitantes y se podría decir que está en el medio de la nada. Si uno llega por la noche, ya desde la ruta se percibe su soledad. Es la única ciudad que brilla naranja en el cielo en medio de la inmensa negrura del campo.

Es la típica ciudad del interior. Apenas salís de la ruta para ingresar, se puede ver el cabarulo más famoso pintado de un fucsia fluorescente, “Montecarlo”. Todo lo demás, ya esta cantado. El arco de bienvenida reza “Ciudad de Rufino”, aunque mas que la bienvenida, te da pie a la reflexión y a pensar por qué los pueblos del interior se empeñan en abandonar ciertas cosas.  Aunque no podría decir tampoco que Rufino es un lugar abandonado, todo lo contrario. En sus calles se ven autos último modelo, grandes tiendas con buenas marcas, muchas motos y muchos signos de que la cosecha ha sido buena en los últimos tiempos, sin olvidar claro, la típica plaza principal, la iglesia, la municipalidad y la estación de tren...

Todo en Rufino es predecible. A la tardecita no falta la obligada “Vuelta del perro” y el encuentro en las esquinas de los más jóvenes. Los más grandes se sientan en la plaza a tomar mate mirando hacia la calle sin perder la oportunidad de “chusmear” sobre el vecino. Si alguien no tiene ganas de correrse hasta la plaza, puede sacar una silla y el mate a la vereda y disfrutar del mismo ritual, ese de sacarle el cuero al otro.

Rufino no tiene sorpresas. Es como cualquier ciudad chica.  La gente vive muy distinto a nosotros, los porteños. Los tiempo son otros. Acá la siesta es sagrada, como en cualquier lugar del interior. Acá la gente se mueve en bici o en moto hasta para hacer 3 cuadras. Acá los horarios de los negocios son una lotería y a veces es más fácil mandarle un SMS al dueño para ver si va a abrir. Acá el agua que sale de la canilla es salada. Acá los perros están por todos lados pero no son tan tranquilos como en Nepal. Acá todavía se puede dejar la bici en la calle sin cadena siempre y cuando no sea muy nueva. Acá en realidad, la vida es bastante chata. El que no se fue para estudiar cuando terminó el secundario, se quedo acá trabajando en el campo o en algún negocio. Acá nos pasa que nuestro mundo se vuelve pequeño y que los problemas que tenemos en Buenos Aires quedan en el olvido. Acá sucumbimos al letargo del interior. Un letargo que nos sumerge en la vida de Rufino. Un Rufino que se vuelve lento y eterno.

 

Bárbara

 

¿Qué dice la gente?

Pato dice:

Como verán yo aparezco en todos los posts, así q van a tener q bancarme estos tres meses!!!!.

Muchos besos y abrazos, disfruten!!!!.






Pato.

lunes, 15 de diciembre de 2008 09:41 p.m.

Bartu dice:

Gracias por estar siempre ahi, hermano!
Beso grande!

martes, 16 de diciembre de 2008 08:31 p.m.

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