27 de diciembre de 2008

Empecemos, como corresponde, por el final de este relato. Nos encontramos en este momento sentados en la carpa, esperando el final del día para empezar a cocinar en Tafí del Valle, Tucumán. El medio litro de cerveza que me tomé me habilita, según el reglamento internacional del bebido, a: hablar chino de forma mediocre, hablar inglés fluido, tocar la guitarra sin desentonar y escribir blogs. Así que haciendo uso de la última habilidad voy a intentar relatar lo sucedido hasta el momento.

El viaje, como ustedes saben, comenzó en Rufino, una ciudad, como tantas otras de la pampa húmeda, que gira en torno al campo y sus industrias relacionadas. Si puedo decir algo de nuestra estadía en Rufino es que fue el prólogo insulso de un viaje que ya se volvió una pequeña aventura dentro de nuestras vidas.

La constante en este viaje parece ser la lluvia y la tormenta, tan deseadas a la hora de sacar fotos por la variedad de cielos que nos brindan, pero que se vuelven, valga la redundancia, tormentosas a la hora de cocinar y dormir.

Nuestro primer destino fue Capilla del Monte, y para no ser menos el viaje se presentó lluvioso y largo. El camping al que queríamos ir no tenía agua caliente, o al menos no la tenía hasta que llegaran los dueños para la temporada ya que ellos eran los únicos que sabían prender el calefón, así que nos fuimos a otro por recomendación de la cuidadora del camping sin agua caliente. El nuevo camping, llamado “La Toma”, parecía lindo y estaba literalmente en la base del cerro Uritorco, el cual teníamos pensado subir, pero todavía no estaba abierto para la temporada así que nos iban a alojar en un espacio que usualmente no era para carpas.

Poco sabíamos que en la jerga del camping fuera de temporada el espacio usado en la pre-temporada es sinónimo de piso duro, carpa mal estacada, vientos furioso y lluvias insoportables. A mal tiempo buena cara, dicen por ahí, así que nos pusimos caras de feliz cumpleaños más navidad y reyes magos, todo combinado. Por suerte, el camping tenía cierto resguardo de los elementos y pudimos pasar las noches sin mayores problemas, aunque resultaba difícil dormir pensando en el viento que se sentía en las copas de los árboles, la lluvia que se escuchaba caer en la carpa y el colchón inflable que fracasaba en su función y debíamos reinflarlo periódicamente durante la noche.

Conocimos en el camping unos vecinos muy particulares que nos aconsejaron cómo subir el Uritorco, nos prestaron unos alargues para enchufar la notebook, y fueron tan amables de informarnos cómo el mundo se va a acabar hacia finales del año 2012. Parece que el calendario Maya, el Egipcio y el de Atlántida vaticinan un cataclismo hacia finales del 2012 que destruirá el mundo como lo conocemos. No voy a citar mis fuentes, pero según mis informantes este cataclismo sería en forma de inundación que cubriría de agua las costas del mundo, dejando, entro otros lugares, a Capilla del Monte, con su ciudad intraterrena Erks, por encima de las aguas. Aparentemente no es la única forma del fin del mundo. En su bondad, nuestros vecinos nos informaron que también podría ocurrir de otra forma un poco menos catastrófica, pero fulminante al fin. Nos dijeron que podría haber una especie de tormenta magnética solar que quemaría y dejaría inusables todos los aparatos electrónicos del mundo, dejándonos literalmente en pelotas por un tiempo bastante largo.

Viendo el final tan cerca no dudamos en subir el Uritorco, visitar Los Terrones y hacer el Paso del Indio, ya que estábamos en Capilla del Monte y teníamos tiempo de hacerlo. Para los que no lo conocen el cerro Uritorco es un destino turístico muy popular entre los trekkineros y entre los místicos ya que se jura, y superjura, que tiene concentraciones de energía mayores a lo normal, además de tener una ciudad intraterrena llamada Erks que está en otra dimensión pero que puede accederse a través del mismo cerro. Esto último es vox populi y ya existen muchos testigos que dicen haber visto OVNIs en la región. Nosotros, de todo eso que se habla, no vimos nada.

Eventualmente nos fuimos de Capilla, enfilando al norte hacia nuestro destino del día: Tafí del Valle, Tucumán. El viaje fue lo contrario del anterior: sin nubes, rutas rectas interminables y un sol que rajaba la tierra. Intentábamos ir sin aire acondicionado para ahorrar un poco de nafta, pero eventualmente tuvimos que prenderlo porque nos estábamos sofocando. Cruzamos en este trayecto de 570 km las provincias de Córdoba, Santiago del Estero, Catamarca y Tucumán, todas, excepto la primera, famosas por mediodías insoportablemente calurosos. Y para no ser menos al mediodía estábamos en el medio de todo este periplo.

Del viento en Tafí del Valle no les voy a contar para no asustarlos, pero sepan que la carpa casi se nos vuela en bastantes ocasiones mientras la armábamos y mientras la mirábamos, una vez armada, resistir con todas sus fuerzas los soplidos que hasta amenazaban los Sauces que pretendían protegernos. Una cosa es cierta, aprendimos a armar una carpa como dios manda. Notarán que comencé el post diciendo que estamos en la carpa, así que todavía no se voló, y eso es siempre, siempre, una buena noticia.

Igualmente el susto real no lo tuvimos la primer noche cuando sentíamos la carpa doblarse en dos combatiendo los feroces vientos. No señor. El susto lo tuvimos al otro día cuando nos fuimos de paseo en bicicleta por la ruta provincial 325 a recorrer la zona. De nuestro estado físico sólo voy a decir una cosa y es que son dos palabras que nos va a costar ganárnoslas. Pero no quiero frenar el relato con pequeñeses. El tema es que hicimos 12 km por la ruta admirando el paisaje de cerros de 3000 metros, algunos cubiertos de nubes negras hermosas, comimos unos sandwiches de milanesa espectaculares y la convencí a Bartu de volvernos porque el cielo se veía demasiado amenazante como para hacer el recorrido completo de 40 km.

No hicimos 2 km de la vuelta que nos cayeron las primeras gotas de lo que creíamos era una flor de tormenta. Apuramos el paso y nos refugiamos en una parada de colectivo que hay cada tantos kilómetros en la ruta. Un monumento tendríamos que hacerle a esa parada de colectivo que nos protegió del viento, la lluvia, y el granizo! Sí, leyeron bien, cayó granizo. Pocos minutos después la lluvia y el viento cesaron y pudimos regresar, preocupados por ver lo que había quedado de la carpa y del pobre auto. Para nuestra sorpresa todo estaba intacto, nada se había dañado, la carpa no se había inundado y el auto no estaba abollado. Un milagro? Un Dios aparte? Realmente no nos importa. Esos problemas metafísicos se los dejamos a los estudiosos de asuntos tales.

Pero el viaje en realidad pasa por otro lado. Pasa por conocer un chico de 20 años que viaja por el país con su novia vendiendo artesanías, o por sacarle fotos a unos trabajadores cargando un camión de lechugas y que te regalen lechugas frescas directas del camión. Pasa por estar en medio de la lluvia y el granizo y hacer las pases con el destino, sabiendo que “perder” una carpa, o hasta dañar el auto no es el fin del mundo ni nos arruina la vida. Pasa por ponerse los pantalones después de una ducha y no darle mayor importancia a secarse los pies para pasarlos por la botamanga del pantalón.

Pasa, y ahora para terminar, por aceptar las condiciones del momento y saber que nada de lo que pueda pasar es realmente el fin del mundo, la suciedad se limpia, lo mojado se seca, y lo único que importa es que nosotros estemos bien. Así es como puedo decir que después de tanta lluvia, viento y cansancio, estamos tomando una cerveza en la carpa mientras garúa finito en Tafí del Valle, Tucumán, disfrutando de tener un colchón a medio desinflar, a punto de comer arroz con choclo y arvejas, escuchando la cumbia de algún vecino irrespetuoso y esperando a que un perro se canse ya de ladrar.

Saludos y feliz navidad atrasado para todos,
Leandro.

p.d: Las fotos que se ven en la columna de la izquierda no son todas las que sacamos. Pasen por la sección Últimas Fotos para verlas a todas.

¿Qué dice la gente?

Pato y flia. dice:

Hola chicos.

Q puedo decir a estar alturas q ya no haya dicho, o escrito para decirlo... o escribirlo?... mejor?.

Lindo relato y sabias palabras. Hay q disfrutar de las pequeñas cosas y no preocuparse tanto por nimiedades. Hoy en día no cualq se da el lujo de recorrer, como están haciendo uds., tantos lugares y vivir tantas cosas. Espero realmente q disfruten cada segundo de lo q viven.

Besos de parte de todos, los queremos.





Flia. Piuma

sábado, 03 de enero de 2009 06:31 p.m.

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