03 de enero de 2009

Hoy les escribo desde Humahuaca, Jujuy, sentada en el interior de nuestra carpa. Y mientras les escribo, más precisamente encima de la bolsa de dormir, con la campera y el polar puestos, porque acá, en pleno verano esta haciendo frío, escucho la lluvia golpear desde hace más de dos horas sobre el techo de nuestra flamante Doite para 4 personas, que ahora, sin el colchón inflable abandonado en Tafi del Valle debido a una pinchadura de dimensiones irreparables, parece inmensa.

Afuera, en el alero lleno de barro y tierra, reposan, además de las zapatillas, las ojotas, las alpargatas que compramos en Rufino, el toallón húmedo y los platos sucios de la noche anterior. Si esta escena se presentara por primera vez, sería éste un post escrito al borde de un ataque de nervios, pero no, ya hace varios días que esta situación se repite y todo nuestro espacio en un camping queda reducido a unos pocos centímetros.

Imagínense por un momento esta situación. Cae la noche en el camping. Estuvo lloviendo todo el día así que no queda mas que meterse en la carpa para resolver el tema de la cena. Claro que hubiese sido mas fácil ir por algún sandwich de milanesa, pero se hizo tarde y ya no tenemos opción. En el sorteo de tareas para este viaje, a mi me toco la bolilla que decía “Cocinar”, así que valientemente asumí la tarea. Era la primera vez que iba a cocinar estando de camping pero dije, “Que tan difícil puede ser si en casa cocino casi todos los días?”.

Para la tarea en cuestión, mi querido esposo compró una cocinita de una (1) hornalla muy linda, varios tubos de butano, una marmita muy divertida para 2 personas y algunos elementos de cocina tales como un colador de fideos, algunos cubiertos de plástico y... creo que nada más. Esa era toda la estructura que iba a poseer para lucirme como cocinera. El tema es que cuando se tiene toda la mesa para uno al aire libre, uno se despliega a gusto. Aquellos que alguna vez se aventuraron en el acampe saben de lo que hablo. La cuestión es cuando la lluvia no te deja expandirte de esa manera y se generan conversaciones como ésta:

Bartu dice: - Esta lloviendo, no puedo cocinar bajo la lluvia, que hacemos?

Charles dice: - No importa, cocinamos adentro de la carpa.

Bartu dice: - Pero querido! Acá en las instrucciones dice que no se puede, que es peligroso.

Charles dice: - Y bueno, que se le va a hacer, hay que comer. Usemos el alero.

Bartu dice: - Pero tesoro! En el alero sólo queda un espacio de 50 X 50 cm! Que se supone que haga en ese lugarcito?

Charles dice: - Pero tengo hambre!!!

Bartu dice: - Uffff!

Y ahí me encuentro yo, metida en la carpa, pero con todos los adminículos afuera, del lado del alero intentando cocinar unas milanesas con ensalada de lechuga, tomate y huevo. No voy a entrar en descripciones detalladas para no aburrirlos pero créanme que cocinar cualquier cosa con una sola hornalla y cacharros de aluminio en un espacio diminuto no es tarea fácil. Menos mal que hace poquito volvimos de Nepal y que aún conservo algo de la filosofía budista adquirida por eso pagos  y entendí que la realidad es que somos capaces de hacer mucho con muy poco y que sólo es cuestión de maña y un poco de paciencia.

Saludos,
Bárbara.
 

¿Qué dice la gente?

Pato dice:

Hermana, cuando nosotros queremos comer, es preferible quemar la carpa a irse a dormir con el estómago vacío, así q la próxima no le discutas a Charles!.

Besos,






Pato.

martes, 06 de enero de 2009 08:04 p.m.

bartu dice:

Jijiji! Asi es hermano! Tenes razon! Besos!

sábado, 10 de enero de 2009 03:18 p.m.

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