Viajar (y no hablo de ir a la playa por 15 días) debe ser una de las mejores cosas que uno pueda hacer en la vida. No sólo porque te da la posibilidad de irte de tu ciudad y cambiar de aire sino que además te da la oportunidad de conocer otros lugares, otras culturas, otras personas. Hay pocas cosas tan enriquecedoras como viajar. Claro que he conocido mucha gente a la que no le interesa en lo más mínimo argumentando que hasta puede llegar a complicarte la vida.
Pero todos aquellos que disfrutamos del viajar sabemos lo que eso significa para nuestras vidas. Es la posibilidad de salirte de tu rutina, de cambiar las caras que vemos a diario, de olvidarte de los horarios del subte, de entrada al trabajo, de ir al supermercado. Cuando viajas no importa si llueve, si hace calor, si hace frío, si hay que levantarse temprano. La vida mientras uno esta en ese estado es, simplemente, perfecta (por lo menos para mí). Y no es que tienda sistemáticamente a evitar mis responsabilidades, no. Viajando tengo la posibilidad de dejarlas en stand by por un rato.
Ahora, pensando un poco más profundamente me pregunto, Lo importante es el viaje en sí o el regreso de ese viaje? Por qué muchos dicen que disfrutan la vuelta tanto como el viaje? Por qué otros se deprimen tanto cuando vuelven?. Por qué es tan traumático el regreso? Alguna vez se pusieron a pensar? No es un viaje la posibilidad de oxigenar la cabeza para empezar a cambiar las cosas?. No es un viaje la posibilidad de abrirse un poco más y de animarse a hacer cosas?.
De los viajes uno aprende, y mucho. No sólo aprendes en relación a los lugares en los que estuviste sino que también te ayudan a preguntarte muchas cosas. Aprendí algo en el viaje? Estoy contenta de volver o me gustaría seguir allá? Cambiaría algo ahora que estoy de vuelta o simplemente dejaría todo como está?. Me pasa que después de un viaje largo vuelvo con muchas ganas de hacer cosas, de llevar adelante proyectos que habian quedado en el olvido, de generar otros nuevos, de compartir las experiencias, de volver a viajar...
Y son sensaciones que, casi siempre, se generan al regreso cuando llega el momento de la reflexión y la evaluación de todo lo vivido. Ahora mi pregunta es, si ésta es la mejor parte del viaje, el regreso, por qué nos ponemos tan mal cuando tenemos que retomar nuestra rutina? Significa que en el fondo sabemos que nada va a cambiar? Y si es así, para qué viajamos?
Bárbara.
